Se estremecen las paredes de mi cuarto
si no huele a tu perfume en mis rincones.
tiembla mi alma, al borde del infarto,
y mis musas se marchan de vacaciones.
Jugaría otra partida en tu tablero,
al desnudo, rindiendo mis peones.
Olvidaría, gozoso, aquel momento
que clavaste en mi esperanza tus tacones.
Te robo otro beso de curso legal,
te espero en la calle fumando ilusiones,
expulsando el humo frente a tu portal,
dibujando en los cristales corazones.
Se me cae la vida encima si te pierdo,
pero me levantaré… ¡con dos cojones!
Firmaré el finiquito a tu recuerdo:
un “hasta siempre” en dieciséis renglones.








