martes 3 de enero de 2012

ALZO UNA COPA

Alzo una copa de amor en presente continuo,
surca mi rostro una lágrima de felicidad,
alzo una copa de amor, esperanza y suspiros
para brindar por un sueño que ya es realidad.
Siento tu respiración, tu calor, tus latidos,
no hay despertar más bonito que cuando tú estás,
canto tu nombre con zeta, te miro y sonrío,
y le agradezco a la vida esta oportunidad.
 
Mi alma está envuelta en tu piel, resguardada del frío,
 y hoy, mirándome en tus ojos, debo confesar
que “para toda la siempre” te quiero, cariño
y que no pienso morirme sin un beso más.

jueves 29 de septiembre de 2011

LA VIDA QUE NO VIVO


La vida que no vivo pernocta tras tu puerta,
sumisa, acobardada, sin ganas de escapar.
Los besos que rechazas el alma me envenenan,
mi corazón herido no deja de sangrar.

Maldita es la distancia que de tu piel me aleja,
despiadado tu modo de no mirar atrás,
cabrón es el espejo cuando no te refleja,
mis lágrimas son sueños que no se cumplirán.

El amor es un niño sin miedo ni consciencia,
tu adiós, la penitencia que tengo que pagar,
el olvido, un recuerdo que perdió la paciencia,
esperanza es un verbo que no sé conjugar.

jueves 22 de septiembre de 2011

DESAHOGO ÍNTIMO_1

Soy emocionalmente imbécil.

Todavía, a estas alturas de la película, prefiero –ignorante- perder el orgullo antes que la esperanza. Pero, cuando has perdido ambas cosas, sólo te queda soledad, vacío y una tristeza devastadora.

Ni ansiolíticos, ni antidepresivos, ni remedios homeopáticos, ni pollas… nada funciona cuando lo que uno necesita es un maldito abrazo, un beso, un gesto de cariño… y, por más que lo busca y lo grita a los cuatro vientos, recibe una bofetada tras otra en forma de silencio. Pocas veces existirá algo más significativamente cruel que el silencio.
 
No ha sido necesario que nadie me lo cuente: el único fruto de la mendicidad sentimental es la humillación. Llega un momento en que te sientes una mierda, piensas que no vales nada y definitivamente te abandonas. Te rindes, te das por vencido, no te quedan fuerzas para levantarte otra vez más… no, ya no.

Ojalá se pudiera anestesiar el corazón…

Hace tiempo dejé de dormir; últimamente estoy dejando de soñar.

miércoles 6 de julio de 2011

DESAHOGO ÍNTIMO


Odio los aeropuertos… y las despedidas. Odio las mentiras -tan piadosas como patéticas- que improvisamos cuando la cobardía y la congoja nos atenazan, cuando presentimos que, probablemente, será lo último que le digamos a… ¿a quién? ¿para quién hablamos realmente en esos instantes? Quizá para nosotros mismos. Quizá sea la primera (y a todas luces insuficiente) pátina de autoprotección frente al dolor, una coraza de papel mojado que nos muestra aún más ridículos y vulnerables. Quizá.

Me aterran los finales. Tal vez por ello siempre me he flagelado con el autoengaño de llamar punto y seguido a algo que sabía fehacientemente que era definitivo. O acaso soy un inconformista, o un loco, o un insensato, o un soñador, o un romántico… o –lo más probable, lo más realista- es que simplemente soy simple, tontito… y no he comprendido aún que, cuando levantas demasiado los pies del suelo, la caída es más dura.

Odio los contestadores, las llamadas perdidas, los e-mails sin respuesta… que me dejan un desconsolador regusto a vacío y a soledad, virtuales y reales, absurdos y dolorosos.  Me hiere, me araña el alma, no puedo soportar la impotencia de la incomunicación.

No sé si sólo me pasa a mí, pero muchas veces tengo el extraño convencimiento de que lo borroso no son los recuerdos: lo borroso es el presente. Tal vez se deba a que entrecierro los ojos porque me asusta lo que pueda encontrar… Creo que perdí la brújula y la autoestima más o menos al mismo tiempo.

Me encrespa la amistad sólo de copas, sólo de risas, sólo de “a ratos”. Me encrespa… y me duele, me enrabieta y me desalienta el insolidario, cobarde y vertiginoso efecto dominó de cabezas escondidas en la arena y oídos sordos ante el sufrimiento ajeno.

Sensaciones conocidas, recuerdos recurrentes, crueles, inevitables… que me hostigan, me acobardan… me ahogan. Me angustia el sonido incisivo y penetrante de esa puerta que se cierra a tu espalda… y sabes que no la volverás a atravesar.  Ese obstinado silencio que sigue al adiós y precede al llanto más desgarrador. Me mata el sabor amargo de ese último beso… sobre todo al tomar consciencia de que, efectivamente, ha sido el último. Ese beso que jamás quisieras dar ni recibir. Ese beso que te lleva inexorablemente al dolor más brutal e inconsolable.

Cuántas mañanas despierto con los nervios a flor de piel, el corazón en pausa y cara de gilipollas. Cuántas mañanas reniego del despertador, de la luz que se cuela por las persianas, de la puta vida misma. Cuántas mañanas maldigo a ese destino, que no existe pero jode. Pero el corazón, por su cuenta y riesgo, decide seguir andando y… bah, qué remedio…

He cambiado muchísimo. No me reconozco. Me avergüenzo de mí mismo. No sé quién soy, ni dónde estoy ni adónde voy. Sufro ansiedad, una ansiedad intensa y aguda que me hace sentir que cada día muero un poquito. Soy extremadamente débil. La soledad y el silencio me provocan auténtico pánico. Me siento perdido, desorientado y profundamente triste. Odio esta presión que me destroza el pecho. Tengo miedo.

Hoy, un martes cualquiera, un martes más… no soy feliz.

viernes 1 de abril de 2011

ADIÓS

Para que una gota colme el vaso, muchas otras gotas antes lo han tenido que llenar.

Ha llegado el momento. Gotita a gotita, mi vaso ha terminado por derramarse. Me he cansado de las despedidas sin palabras, de las espaldas que se alejan, de las amistades escrupulosamente virtuales, de los cariños fingidos, de las verdades injustas, de las mentiras piadosas, de las amenazas, de las indirectas, de los reproches, de los intereses… pero, sobre todo, muy por encima de todo, de la hipocresía, del egoísmo, de los silencios, de la soledad y del vacío.

Nada me motiva ya a escribir, estoy “seco”. Ya ni siquiera el dolor me inspira; ahora me bloquea. Y llevo ya demasiado tiempo bloqueado, más que suficiente para darme cuenta de que esto no tiene ni futuro ni sentido.

Las tres últimas gotas… han herido como ácido en los ojos. Desengaños con nombres y apellidos, que me reservo para mí. Ilusiones que decidieron desvanecerse. Esperanzas absurdas e incoherentes. Emociones tal vez forzadas, pero jamás fingidas. Sueños que no fueron más que sueños. Sentimientos a flor de piel que terminaron por penetrar hasta la médula…

Cuando uno ve que todo eso se le escurre entre los dedos, cuando uno mira alrededor y no ve, ni oye, ni siente nada… piensa que tal vez todo fue una gran mentira. O, si no, que tiene que haber hecho las cosas muy mal.

Yo no sé lo que hice mal… pero no lo seguiré haciendo. Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Aquí fui feliz en su momento. Aquí he sido también terriblemente infeliz. No, no volveré.

No quiero prolongar innecesariamente la despedida, ni hacer de estas líneas un acto público de autocompasión. Sólo pretendo ser consecuente: no puedo más, así que me marcho.

El blog permanecerá abierto, pero hoy queda escrito su punto y final.

Gracias por todo, y hasta siempre.

sábado 15 de enero de 2011

SABE A POCO

Suena sordo el otoño sin tus besos,
hiere más tu silencio que una bala,
me abrazo ciegamente a tu recuerdo
y tengo el corazón cojo de un ala.
 
Me disparó tu amor, verde espejismo,
una flecha de ausencia entre los ojos.
Desde entonces no sé si muero o vivo:
vivir sin esperanza sabe a poco.
 
Mientras duerme la luna, todavía
me fustigo rumiando esos momentos
de tu cuerpo desnudo en mi colchón.
 
Me amotino contra este sentimiento
que me apaga los sueños y la vida…
No sé… tal vez… mañana… brille el sol.

miércoles 29 de diciembre de 2010

UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera
el amor se disfrazará
de calendario,
de rutina,
de cajones abiertos,
de conversación de ascensor,
de día nublado,
de desidia.

Un día cualquiera
la pasión se disfrazará
de nostalgia,
se esconderá tras las cortinas,
se oxidará,
temblará de frío.

Un día cualquiera
la ilusión se disfrazará
de desengaño,
la amistad, de habitación vacía,
los sueños, de broma pesada,
la esperanza, de venda en los ojos,
la ambición, de desgana,
los besos, de reproche,
la paciencia, de grito,
la luz, de cuarto oscuro.

Un día cualquiera
la vida se disfrazará
de escombros.

* * * * *
 
Pero un día cualquiera
despertaremos,
y nos despojaremos de todos los disfraces,
y recordaremos
que el amor no entiende de rutinas,
que la pasión no sabe lo que es el frío,
que tenemos la agenda llena de amigos.

Y un día cualquiera
nos hará ilusión volver a ilusionarnos,
y los sueños soñarán que son posibles,
y la esperanza se pondrá de nuevo su vestido verde,
y sólo nos reprocharemos los besos que no hemos dado,
y la paciencia recuperará la calma,
y la luz nos volverá a mostrar el camino.

Y saldremos a la calle con el corazón bien abrigado,
y estrenaremos sonrisa,
y el vecino huraño nos parecerá más simpático,
y la vecina nos parecerá mas guapa,
y el jefe no será un ogro,
y el sol nos besará en la frente y nos calentará incluso de noche,
y con los escombros edificaremos un palacio,
y en nuestro diccionario no cabrá la palabra “pena”.
 
* * * * *

Un día cualquiera
aprenderemos a ser felices,
¿por qué no comenzar hoy?